Si ese día me hubiera animado a cruzar la calle y darle
el poema que escribí para ella, mi vida sería otra. Pero qué importa mi vida,
ella es la que siempre importó.
Solo me ha quedado este papelito verde, es mi salvoconducto,
mi razón de existir, desde ahí he construido la historia; ni recuerdo
su nombre, ha tenido y tiene todos los ojos posibles, los colores más
tremendos y los menos queribles, un gesto que me somete y otro con el que vuelo
sin torpezas.
Ella me lleva, no hubo otro amor, todos los días me
alimenta y me deja morir de tristeza. Solo veo la mano extendida y el
caramelo de menta y sus tres palabras:
—Feliz cumpleaños,
Pablito.
Casi me muero, casi me escapo del colegio, me dio tanta
vergüenza.
Fue creciendo en cada encuentro con otra mujer, aunque
ninguna confrontó con su encanto expandido por las noches.
Era una mujer altiva, poderosa, con solomirarme sentía
ponerme a sus pies.
La tuve cada noche en los brazos de mis sueños y se me
iba hacia los confines del olvido y nada más.
Recorría con el lápiz la fotografía con su cara robada de
un álbum escolar.
He llegado a los cincuenta y
está ahí en la puerta de mis sueños, guiándome hacia
el fracaso porque es inútil todo lo que no tenga el color
de sus ojos y su manera de ordenar el mundo, no cabe que ni siquiera intente
un remedo.
No quiero confesar las cosas a las que me atreví para
tenerla cerca, para saberla conmigo, sé que me condenarían. O peor, se reirían
de mí.
No sé dónde estará ahora; digo, donde vivirá, cómo habrá
amado a otro hombre, qué caricias habrán gozado sus hijos,
qué ocurriría si acaso la veo, o tal vez la haya visto y la he
olvidado, ya no sé ni siquiera si ella fue, si ocurrió, o la inventé.
Pero no, el papelito del caramelo Sugus acá lo
tengo, es verde, de menta, me dio un caramelo de menta, no saben lo que
significa que una mujer te regale un caramelo de menta, es para
llevarlo en la boca hasta la eternidad.
Cómo se me ocurre dudar de su existencia, cómo puedo ser
tan injusto que me dio todo lo que es posible dar; me dio este sueño por
el que vivo y muero todos los días, eso es, una historia de amor solo mía
que no la comparto, que no se deteriora, que no se desinfla, no, es una
historia que la hago crecer a cada instante, es la que me da las fuerzas para
seguir un poco más.
Pero me despierto, solo, el pecho hundido de mortificaciones,
con gente que detesto, y ella no está, ella ya no vendrá, seguro que se fue a
repartir caramelos de menta por la vida y me traicionó.
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