Vale para un cuento de personaje, ya hay uno y puede ser materia para
escribir, para inspirarse porque son esos seres que se diferencian, que no son
los comunes, que andan en la vida por otro lado, son los artistas, así se les
llama, los creadores cuya energía de creación los supera, los lleva a los
precipicios que se atreven, por momentos pierden los rumbos y la conciencia y
caen y suben y uno no sabe cuándo pararán, que no pararán porque las vida los
lleva así, a la rastra, le aprietan el cogote
la vida, la exprimen aunque eso les traiga más de un dolor de cabeza y
un cuerpo mortificado. Es posible que haya tomado de todo y haya probado de
todo, y al decir eso no lo traiciono, qué se puede decir si basta con verlo
para saber de sus consumos excesivos. Sin embargo, el cuerpo le resiste porque
es tan fuerte el alma creativa que está por encima de esos avatares. Fenecerá
cuando baje la guardia y diga que su vida ya no tiene algún sentido. Para
buscar el origen de nuestra amistad tenemos que irnos a los setenta, por ahí,
es posible que todo surja cuando vinieron a la Argentina el Haroldo y el Kiko
de Sao Pablo, amigos que hicimos allá y vinieron, uno oscuro que no negro, de
barba grande, gigante y el otro menudito, rubio brasilero, fumanchú, drogón,
enclenque. Vinieron y fue el alboroto en el comedor El Patio, nada le gustaba a
mi padre su presencia, pero no lo pudieron rechazar, habremos comido en casa,
dormidos un día y seguimos viaje para un encuentro en Alpa Corral y es ahí
donde conozco a Sergio, en el arco de entrada hacia Alpa (así le dicen los que
se creen superiores, chetos insufribles del imperio) e íbamos a la casa que
tenía la familia de Juan en la villa serrana, dormiríamos en carpa en el patio
y así fue y ahí nos encontramos un grupo grande, diez o más que hicimos de las
nuestras todo motivado con humos, con
vino blanco con agua tónica y cantos y esas cosas. De ahí pegamos onda, con
Sergio, con Juan, con Carlitos Giorgis que debe hacer sido el nexo, Carlitos
nos abandonó en el viaje a Brasil antes de salir de Rio Cuarto, otra historia
que aparecerá cuando hablemos de Carlitos, ese amigo que ya no está.
Tiempo después Juan llegó a Córdoba, había pasado el viborazo, y yo
había perdido la casa de estudiantes, ya en el barrio Colinas de Vélez
Sarsfield, en la Belgrano, así que habremos andado a la búsqueda de un lugar y
lo encontramos en un vergel, una tapera que tenía al fondo de la Roque Sáenz
Peña un japonés amigo de Juan, podíamos estar ahí y ahí estuvimos un tiempo, en
fumatas y charlas existenciales, encuentros muy intensos que nos llevó a
husmear por otros ámbitos y por acción seguramente de mi padre conseguimos la
casa en el bulevar Mitre donde cayeron el Negro, el Pichi, el Daniel, luego el
Sergio, quien más pasó por ahí sería ponerse a rememorar con alguno de los que
habitamos ese lugar emblemático, porque desde ahí partimos para uno u otro
lado. Me reincorporo a la facultad, Juan intenta la carrera de Artes, otros
estaban en música, el Negro en psicología, o sea, éramos estudiantes que nos
toma el despertar de la juventud y había que definir rumbos. Por eso fue que
con Juan salimos a las primeras manifestaciones, es posible que hayamos
participado en barricadas, que hayamos armado en el patio de la casa vieja
algunas molotov para encender las barricadas y se pierde la memoria, pero la
casa se deshabita y cada cual sigue por su rumbo. No recuerdo si fue con Juan
que fuimos a parar a la casa de los mellizos Ouine, donde estaba el Tulio, gente
de Río Cuarto y un muchacho rubio, un estudiante de abogacía que creemos es el
que fue a preguntar por mí cuando estaba en la celda del cabildo destrozado y
me llevaron a un pasillo de reja y desde el otro lado este muchacho preguntó
por mis golpes, mi estado y siempre quedó como algo raro, que nunca pude
descifrar si acaso era un informante, un abogado oficial, aunque todo da a
entender que no era de los servicios.
Da para continuarlo largo, pero es ahí donde se corta la primera etapa de
nuestra amistad, porque después los senderos se bifurcan y es posible que no
nos hayamos visto más hasta que lo encontré en su taller de Rio Cuarto y fue el
inicio de otra etapa.
Una visita a su bohardilla en cercanías a la municipalidad, hablar de un
proyecto de instalarse en Córdoba, y fue presentar una propuesta a Grupos ecuménicos, un préstamo para
materiales, tintas, telas y un espacio en una galería de un proyecto editorial,
en la planta baja y fue el inicio de una sociedad serigráfica, con Juan en la manigueta y yo
ayudante y ventas y esas cosas, una experiencia de meses de trabajo intenso con
algunos trabajos de gran volumen y complejidad como todo lo referente al Primer
Encuentro Internacional de Teatro de Córdoba, y después el traslado a otra casa
en la Humberto Primo y es ahí donde compartimos, convivimos, una época de idas
y vueltas en todos los planos, él con su mujer y sus dos hijos en un
departamento que lo asfixiaba, yo con una pareja que se caía a pedazos, con dos
hijas y sin proyecto, a la buena de dios, buscando dónde anclar, y el proyecto
siguió, nos daba de comer, nos permitía un saldo para hacernos escapadas a
Carlos Paz, hubo una intensidad de vida
al filo hasta que Juan consigue o le consiguen un trabajo que lo enmienda, lo
orienta, en la biblioteca del teatro Rivera Indarte y ya era tiempo completo, y
me abandona en el proyecto, me quedo con las máquinas, las cosas y ese es otro
cantar. De ahí en más los contactos fueron esporádicos, pero su avance como
curador o coordinador del Genaro Pérez, su renombre como pintor, su separación, la mujer se fue a
Europa y él anduvo dando tumbos, pero en lo suyo, en la plena bohemia, desharrapado,
sucio, o por lo menos desalineado, fuera de los cánones de la moda, con
exposiciones, parejas, búsquedas,
curaciones, con algún susto en la
salud aunque siguió con su vida al límite y así andará ahora, que no sabría
cómo interpretar su contestación a mi mensaje de fin de año, pero ya lo
armaremos, por ahora queda el boceto de este amigo personaje que marcó mi vida
y que lo tengo en la preferencia de los afectos. Porque hay que contar las
anécdotas recientes en Cosquín o el encuentro en la exposición en el salón de
moda de la ciudad, el resto es pura imaginación, pero hay que verlo, saberlo
siempre en el límite de las cosas haciendo de su vida lo que se le canta, aun
con las limitaciones económicas que seguramente le jugaron en contra más de una
vez. Sirve como personaje, porque solo falta adosarle algunos datos ficcionales
para que se convierta en un personaje interesante.

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