Juan Longhini

Vale para un cuento de personaje, ya hay uno y puede ser materia para escribir, para inspirarse porque son esos seres que se diferencian, que no son los comunes, que andan en la vida por otro lado, son los artistas, así se les llama, los creadores cuya energía de creación los supera, los lleva a los precipicios que se atreven, por momentos pierden los rumbos y la conciencia y caen y suben y uno no sabe cuándo pararán, que no pararán porque las vida los lleva así, a la rastra, le aprietan el cogote  la vida, la exprimen aunque eso les traiga más de un dolor de cabeza y un cuerpo mortificado. Es posible que haya tomado de todo y haya probado de todo, y al decir eso no lo traiciono, qué se puede decir si basta con verlo para saber de sus consumos excesivos. Sin embargo, el cuerpo le resiste porque es tan fuerte el alma creativa que está por encima de esos avatares. Fenecerá cuando baje la guardia y diga que su vida ya no tiene algún sentido. Para buscar el origen de nuestra amistad tenemos que irnos a los setenta, por ahí, es posible que todo surja cuando vinieron a la Argentina el Haroldo y el Kiko de Sao Pablo, amigos que hicimos allá y vinieron, uno oscuro que no negro, de barba grande, gigante y el otro menudito, rubio brasilero, fumanchú, drogón, enclenque. Vinieron y fue el alboroto en el comedor El Patio, nada le gustaba a mi padre su presencia, pero no lo pudieron rechazar, habremos comido en casa, dormidos un día y seguimos viaje para un encuentro en Alpa Corral y es ahí donde conozco a Sergio, en el arco de entrada hacia Alpa (así le dicen los que se creen superiores, chetos insufribles del imperio) e íbamos a la casa que tenía la familia de Juan en la villa serrana, dormiríamos en carpa en el patio y así fue y ahí nos encontramos un grupo grande, diez o más que hicimos de las nuestras  todo motivado con humos, con vino blanco con agua tónica y cantos y esas cosas. De ahí pegamos onda, con Sergio, con Juan, con Carlitos Giorgis que debe hacer sido el nexo, Carlitos nos abandonó en el viaje a Brasil antes de salir de Rio Cuarto, otra historia que aparecerá cuando hablemos de Carlitos, ese amigo que ya no está.

Tiempo después Juan llegó a Córdoba, había pasado el viborazo, y yo había perdido la casa de estudiantes, ya en el barrio Colinas de Vélez Sarsfield, en la Belgrano, así que habremos andado a la búsqueda de un lugar y lo encontramos en un vergel, una tapera que tenía al fondo de la Roque Sáenz Peña un japonés amigo de Juan, podíamos estar ahí y ahí estuvimos un tiempo, en fumatas y charlas existenciales, encuentros muy intensos que nos llevó a husmear por otros ámbitos y por acción seguramente de mi padre conseguimos la casa en el bulevar Mitre donde cayeron el Negro, el Pichi, el Daniel, luego el Sergio, quien más pasó por ahí sería ponerse a rememorar con alguno de los que habitamos ese lugar emblemático, porque desde ahí partimos para uno u otro lado. Me reincorporo a la facultad, Juan intenta la carrera de Artes, otros estaban en música, el Negro en psicología, o sea, éramos estudiantes que nos toma el despertar de la juventud y había que definir rumbos. Por eso fue que con Juan salimos a las primeras manifestaciones, es posible que hayamos participado en barricadas, que hayamos armado en el patio de la casa vieja algunas molotov para encender las barricadas y se pierde la memoria, pero la casa se deshabita y cada cual sigue por su rumbo. No recuerdo si fue con Juan que fuimos a parar a la casa de los mellizos Ouine, donde estaba el Tulio, gente de Río Cuarto y un muchacho rubio, un estudiante de abogacía que creemos es el que fue a preguntar por mí cuando estaba en la celda del cabildo destrozado y me llevaron a un pasillo de reja y desde el otro lado este muchacho preguntó por mis golpes, mi estado y siempre quedó como algo raro, que nunca pude descifrar si acaso era un informante, un abogado oficial, aunque todo da a entender que  no era de los servicios.

Da para continuarlo largo, pero es ahí donde se corta la primera etapa de nuestra amistad, porque después los senderos se bifurcan y es posible que no nos hayamos visto más hasta que lo encontré en su taller de Rio Cuarto y fue el inicio de otra etapa.

 

Una visita a su bohardilla en cercanías a la municipalidad, hablar de un proyecto de instalarse en Córdoba, y fue presentar una propuesta a  Grupos ecuménicos, un préstamo para materiales, tintas, telas y un espacio en una galería de un proyecto editorial, en la planta baja y fue el inicio de una sociedad  serigráfica, con Juan en la manigueta y yo ayudante y ventas y esas cosas, una experiencia de meses de trabajo intenso con algunos trabajos de gran volumen y complejidad como todo lo referente al Primer Encuentro Internacional de Teatro de Córdoba, y después el traslado a otra casa en la Humberto Primo y es ahí donde compartimos, convivimos, una época de idas y vueltas en todos los planos, él con su mujer y sus dos hijos en un departamento que lo asfixiaba, yo con una pareja que se caía a pedazos, con dos hijas y sin proyecto, a la buena de dios, buscando dónde anclar, y el proyecto siguió, nos daba de comer, nos permitía un saldo para hacernos escapadas a Carlos Paz,  hubo una intensidad de vida al filo hasta que Juan consigue o le consiguen un trabajo que lo enmienda, lo orienta, en la biblioteca del teatro Rivera Indarte y ya era tiempo completo, y me abandona en el proyecto, me quedo con las máquinas, las cosas y ese es otro cantar. De ahí en más los contactos fueron esporádicos, pero su avance como curador o coordinador del Genaro Pérez, su renombre como  pintor, su separación, la mujer se fue a Europa y él anduvo dando tumbos, pero en lo suyo, en la plena bohemia, desharrapado, sucio, o por lo menos desalineado, fuera de los cánones de la moda, con exposiciones, parejas, búsquedas,  curaciones,  con algún susto en la salud aunque siguió con su vida al límite y así andará ahora, que no sabría cómo interpretar su contestación a mi mensaje de fin de año, pero ya lo armaremos, por ahora queda el boceto de este amigo personaje que marcó mi vida y que lo tengo en la preferencia de los afectos. Porque hay que contar las anécdotas recientes en Cosquín o el encuentro en la exposición en el salón de moda de la ciudad, el resto es pura imaginación, pero hay que verlo, saberlo siempre en el límite de las cosas haciendo de su vida lo que se le canta, aun con las limitaciones económicas que seguramente le jugaron en contra más de una vez. Sirve como personaje, porque solo falta adosarle algunos datos ficcionales para que se convierta en un personaje interesante.

 

 

Comentarios