Y llegó el 20 de septiembre de 1970 y nos encontró la ruta 8, seguramente
por ahí cerca de las estaciones de servicio, el famoso Empalme, al lado del
taller del padre de Rafael, con mochilas o bolsos mochilas, con alguna bolsa de
dormir, abrigos, utensilios, sin carpa, con la guitarra y las ganas de
emprender una marcha con rumbo más o menos certero. Era salir, no digamos huir,
pero era tomar distancia de la ciudad, de la provincia, buscar nuevos aires,
una decisión intempestiva, ambos sin experiencia en eso de andar el mundo como
mochilero, salvo la propia experiencia de ir y venir a dedo entre Córdoba y Río
Cuarto como estudiante; así que fue largarse, a poco estar un camión nos alza y
nos lleva hasta Escobar. Justo ese día se hacía la Fiesta Nacional de la Flor,
habría que ver en los registros si no fue una de las primeras, la quinta o
sexta. Habremos pernoctado ahí y seguimos hasta Buenos Aires, hasta la
dirección de la Nena, en Temperley. Solo recuerdo un barrio, una casita blanca,
cómoda, Enrique que nos recibió bien, es posible que ya hubiera nacido su hija,
Mónica, desde ahí le habremos hablado a Carlos, por algún teléfono público,
sabiendo que por ahora no se nos uniría habremos tomado un colectivo hasta las
proximidades de la ruta a Mar del Plata y ahí nos encontramos con Alejandro,
con quien haría todo el periplo hasta volver a la Argentina seis meses después.
La decisión de emprender la marcha de mochileros debe haber surgido en
Córdoba, en la casa de altos de estudiantes de la Vélez Sarsfield. Rafael habrá sentido el fin del ciclo
cordobés,
también enjambres familiares y disputas amorosas. Lo cierto es que estando
en Río Cuarto preparamos la mochila, bolsas de dormir, enseres, por supuesto la
guitarra y se nos sumaría el Carlitos Giorgis. Hubo vueltas. Idas y venidas,
explicaciones de que se nos sumaría después, en Buenos Aires, que tomaría un
colectivo hasta allí y en principio nos encontraríamos en Temperley, primer
lugar donde pararíamos con Rafael, en la casa de la Nena que ni sé si le
habíamos avisado o le caeríamos de sopetón. Carlos había tenido un accidente
automovilístico reciente, que no recuerdo si había muertos o por lo menos
quebraduras y destrozos en la cara de la que era en ese entonces su novia. Que
había quedado traumado por el hecho y que le costaba emprender un viaje en auto
por las rutas. Suponía que luego la emprenderíamos en tren, hasta donde se
llegara, el tren todavía funcionaba en nuestro país para unir provincias y
localidades, así que quedamos entonces en encontramos por decir un día, el 25
de septiembre en la dirección de la casa de la Nena. Esperamos un día o dos y
nos dimos cuenta de que no contaríamos con su aporte al grupo. Por lo que decidimos olvidarnos de él y
engancharnos con uno o dos porteños que emprendían el viaje de mochileros hacia
Mar del Plata. Ahí lo cambiamos al Carlos por el Alejandro Justo y otro e
iniciamos el recorrido por el país.

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