El Ricardo, para la familia, por qué le habrán puesto Azulejo, quizás por un símil con el caballo de Pancho Ramírez, un ropero, jugador de rugby, un tanto bruto en sus movimientos, será que era un caballo, un caballero, un tipo íntegro, un buen tipo, un amigo sensible, con quien compartimos un tiempo de convivencia, mientras estudiábamos distintas carreras, él proveniente del colegio San Buenaventura, un colegio privado, todos sus amigos que estaban en Córdoba eran compañeros de colegio, el Negro, el Luis, el Tito, es posible que otro más. Cuando el Luis fue a vivir a la Friuli allí estaban el Azulejo, con el Negro y nos visitaba el Tito. El Azulejo estudiaba Ciencias Químicas, con el Negro y era la época de tomar definiciones políticas, ocurrió el golpe en Chile, el movimiento estudiantil estaba en efervescencia, así es que cada cual buscó su mejor perfil, y fue ese tiempo de charlas, de peñas, de discusiones y queda por supuesto la anécdota de su borrachera o descompostura con apenas un vaso de cerveza y la llevaba a la rastra a Urgencias, y la atención del Turco, contado en otro lado. Después no lo vimos más, militar en otra organización, estricto control de seguridad y vino a ser mucho tiempo después, quizás estando ya en la Penitenciaria cuando supimos de su secuestro y desaparición con su compañera y desde ahí queda el Azulejo como un emblema de nuestra ciudad, un muchacho íntegro que pagó con su vida el sostener las ideas de un cambio del mundo, un mundo más justo, más igual. Hoy su hermana y su hijo hacen el honor a su memoria y el Azulejo está en todas nuestras marchas, estará siempre presente por el recuerdo de ese muchacho gigante, bueno, con su sonrisa fácil, sus movimientos torpes y sus sueños íntegros.

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