Edgardo

 

 Apareció en nuestra vida cuando supimos que era el vecino del frente de la casa de Achiras; que tenía un salón y habitaciones y que administraba las cabañas del cura diferente y  de su hermano. Fue iniciar las relaciones cuando supimos que era el ex marido de una persona con la que teníamos una relación que podríamos llamar de hermandad fraterna, solidaria, plena, la que, por razones que no vienen al caso ahora, se rompió para siempre. El concepto o valoración de la mujer respecto al Edgardo era de lo peor que se le puede adjudicar a un ser humano. A pesar de los dos hijos que tuvieron hubo una ruptura abrupta y solo había palabras de odio y desprecio de la mujer hacia el hombre, por violento, vicioso, corrupto y la mar en coches. No así el Edgardo que más bien prefirió siempre mantener silencio, no tocar el tema, aun cuando sabía de nuestra relación con su ex mujer. Hubo encuentros, charlas sobre libros, sobre política, sobre el municipio de la localidad, sobre los hechos de la realidad. Hubo encuentros gastronómicos, colaboraciones, hubo gestos altruistas del Edgardo cuando el incendio de nuestra casa y se veía cómo había alcanzado una relación plena con muchos de los veraneantes foráneos, ocupantes de las cabañas, que lo buscaban, compartían, un tipo agradable hasta que cayó en desgracia. Un alambrado lo separó de las Cabañas, se habla de desfalco, del mal manejo de los fondos, todo es posible, un tipo que estuvo en bancos, en la venta callejera de artículos publicitarios, y que de pronto llega acá como expulsado, como un exilio y por algún lado saltaría la liebre. Desde ahí en más su salud se vino a pique, apenas si podía caminar, poca asistencia del hijo, menos de la hija, descuido de su cuerpo, de su vestimenta, su alimentación, lo que naturalmente apuró su muerte, y pasado los ochenta lo que no se lamenta sino el final más bien deplorable que tuvo en sus últimos años de existencia. Ahora se ve la casa en silencio, apagada, hay un letrero precario de venta y es esporádica la presencia de la familia, vendrán otros y será una nueva historia la que se abrirá desde la casa del Edgardo.

La vecindad, esporádica, hizo casi obligatorio el encuentro para compartir unos mates, los comentarios del pueblo, charlas sobre el trabajo, los hijos, las plantas, de cosas vanas o cuestiones importantes sin que nunca se pusieran precisiones definitivas. O se cuestionaba a todos o se dejaba pasar por debajo del alambre a todos. Es sin duda un personaje que representa a muchos, a esos que intentan volar alto, siempre al filo de lo ético y que necesariamente avanzan hacia la degradación física y la soledad, porque el último encuentro gastronómico lo mostró en un estado lamentable.

Y pasa el tiempo y de tanto en tanto alguien corta el pasto, el letrero envejece, las plantas piden agua y el abandono y el silencio se han adueñado del espacio.

 


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