Este sí que se las trae, un personaje de aquellos, que no
pasan desapercibidos, esos que merecen ser presentados en sociedad por sus
virtudes, o sus valores nobles, si se quiere. Su desprendimiento, su estar más
allá de lo que se impone, de renunciar a la lectura, a los libros siquiera de
un titular y de manejarse solo con sus impulsos, sus humores y no verlo
siquiera en un renuncio de dignidad, aunque de palabras por momentos pueda
parecer un tipo jodido. Irascible con lo
burocrático, con lo irresponsable, con las mezquindades de los pequeños, con
los ventajistas, con los soberbios, con los despistados, los irrespetuosos,
esos que tenemos a diario a cada momento por lo que se puede decir que es pan
comido para estar a cada momento saliéndosele la cadena, con la doble vara,
respetuoso de las ideas que considera genuinas, no se lo verá en trenzas y
componendas, solo hace su trabajo y se ve, por los resultados que como
profesión lo sabe es un tipo especial, es capaz está al frente de las cosas y
da mucho más de lo que puede, y se juega hasta el fin y no espera resultados,
tal vez sí, tal vez en el fondo aguarda que alguna vez se le reconozca toda su
grandeza humana, siendo un patrón, un tipo con bienes, un hombre al que no le
falta nada, pero no se lo verá que en su boca haya una idea zurda, tampoco las
atroces de derecha, un tipo que perecería estar más allá del bien y del mal.
Todo llevado al extremo, poniendo en riesgo su integridad física, un organismo
apaleado por tantas presiones, tantos tironeos, pero si hay alguien que puede
enarbolar el concepto del desprendimiento de los bienes es este personaje,
querible, amable, gritón, estertóreo, imposible de tenerlo en calma, y capaz de
montar en cólera con la mayor insignificancia.
Capaz de confesar secretos inconfesables, que no son más que
las cosas cotidianas de cualquier ser humano pero que por su situación, la
situación de cualquiera que tienen necesidades no satisfechas o aspiraciones no
alcanzables, o deseos reprimidos, cualquiera, porque de mi boca no saldrán las
confesiones de un amigo.
Con todas las diferencias de perspectiva, porque al fin y al
cabo cada cual mira el mundo desde donde está, con todos los años transcurridos
no se le ha visto una sola agachada, no hay ni un solo gesto repudiable, alguna
acción que lo deje mal parado, nada, y eso es porque en el fondo es un tipo de
alma buena con una mujer que lo debe llevar por el sendero de la espiritualidad
aunque para él el arte, cualquiera de
sus manifestaciones, no son su moneda corriente, no pasa por ahí la cosa; más
bien ha sido un eficiente ingeniero que supo encaminar una empresa chica hasta
niveles inconcebibles y todo dentro de la dignidad que trasuntan sus actos.
Cómo olvidaremos esa tarde que recorrimos el terreno baldío,
alambrado, incierto destino de una Liga de futbol de veteranos y esa misma
tarde se armó el proyecto y las máquinas empezaron a trabajar y en quince días
dos canchas estaban listas para que al menos sobre la tierra los muchachos de
la senior se dieran el gusto de no perderse un sábado de futbol que es mucho
decir cuando no ocurre semejante evento reparador de tantos males cotidianos.
Y releemos la semblanza y la dejamos como está. Han pasado
varios años desde que dejamos el futbol y los encuentros semanales, a veces
cotidianos, con el Carlos.
Él tiene siempre la exquisita atención de llamarme para mi
cumpleaños, aun cuando uno sabe que no usa Facebook ni redes, es un espanto
para él. Debe tener anotada la fecha por ahí y ese llamado habla del correlato
afectivo y de respeto que nos une, aun con las abismales diferencias en puntos
de vista político que, bien visto, considerado, son los que nos afirman a cada
cual en sus conceptos y nos dicen de que es posible compartir un abrazo sentido
cuando se juega limpio en la vida.
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