Siempre alejado de templos, como si ocurriera un cataclismo
si traspusiera el umbral de una iglesia, entramos un par de veces por
bautismos, o misas de homenaje, cosas por el estilo. Y confieso que jamás hice
la señal de la cruz, ni balbuceé el Padre Nuestro y ni por asomo el resto de
las letras religiosas. Eso no me hizo un ateo empedernido, ni un odioso de la
religión, ni un enemigo de los curas. Al margen de eso, una vez entramos para
el bautismo de la niña Flor, ya con años suficientes como para estar en la
escuela, tardío el bautismo, con padres juntados, sin libreta de casamiento,
sin reuniones previas de catecismo y esas cosas, el cura abrió la iglesia y fue
el bautismo y la hija quedó en manos de dios, ligó un padrino, una madrina, una
fiestita de yapa, y regalos. Nos llamó la atención el cura, su disponibilidad,
su manera campechana de ser, su dejar de lado los mandamientos sagrados de un
bautismo ni pedir nada a cambio. Después supimos que había sido recientemente
trasladado, que además de la curia emprendía trabajos comunitarios, o
cooperativos, cosas así, fue llevado a otras parroquias, y es posible que aun
esté por ahí, en cualquiera, eso poco importa. Fue una sorpresa saber que el
cura frecuentaba un lugar cercano a nuestra casa, y por la proximidad tuvimos
posibilidad de charlar, hasta de compartir alguna comida, charlas de anécdotas
con mucho humor, impensadas desde la figura de un sacerdote. Hasta que las
habladurías se convirtieron en realidad, y el cura llegó una tarde con su
novia, y llegaron los padres de la muchacha, y todo transcurrió como si nada
pasara. Es posible que eso haya sido uno de los motivos de sus frecuentes
traslados, lo cierto es que él siguió (y seguirá) dando misas, usando la sotana,
aunque las veces que siguió viniendo era un tipo más, que ni siquiera se
ocultaba, o se caracterizaba con disfraces, lo hacía a la vista de todos y por
supuesto simpatizamos de inmediato con él, aun con las diferencias naturales en
lo político o ideológico que poco importa frente a tamaña actitud de desafío a
las normas consagradas. Cualquiera diría que una acción así le costaría el
puesto de sacerdote y sin embargo, en apariencia, todo sigue como entonces y
ojalá podamos volvernos a ver para charlar puntualmente de este tema que
seguramente es mucho más frecuente de lo que uno cree o le hacen creer.
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