El Gallo milico

 

Da para mucho el personaje, porque además de milico, suboficial del Ejército, fue remisero, fue chofer de funcionarios, fue tesorero de una institución, un tipo con mucho empuje, con la seguridad de los triunfadores, aunque provenga de un pueblito perdido en las sierras, venga de un cargo superior en la inferioridad de tiras inapelables, suboficial, lo que implica subordinación al poder, y poderoso con los súbditos. Capacidad histriónica que le abre cualquier puerta y es un ganador nato, un orador improvisado, un juez de box, un tipo que se lleva el mundo por delante, que obtiene prebendas donde otros no, donde logra obsequios imprevisibles, donde mantiene una postura guerrera que, si uno lo lleva, era chico en la época de la dictadura, sería el jefe de una de las patotas y no tendría piedad con ninguno que pasara por sus manos. A pesar de eso su accionar parece útil, es favorable porque hace lo que muchos no hacen, lo dejan hacer, le dan poder, y él hace, y en ese accionar vaya uno a saber qué intereses son los que están en juego. Por eso cuando estafó a ojos vistas, cuando negó airosamente, cuando es capaz de insistir de seguir estando como si nada ocurriera siempre con una excusa inigualable, de esas que te hacen dudar hasta a los más ingenuos, todo su prestigio quedó herido de muerte.

Pero la otra parte, su baboso comportamiento con cualquier mujer que se le acerque con cualquier motivo da para sentir la vergüenza de estar sentado a una misma mesa o pertenecer al mismo grupo deportivo, social o lo que fuera. Después supimos que puede comprar un resultado, puede sacar tajada de un contrato, puede ser buitre de compañías de seguro en los accidentes, puede ser que hasta le roben un remiss porque sin duda es una deuda que tuvo que pagar, alguien se la juró y le ganó la partida sin duda, escuchando a un autor de obras de teatro y  de cómo se crean los personajes, sin duda estamos con un tipo que cabe en una novela, en un cuento, es un prototipo que tiene de bueno el carisma y el empuje, la manera práctica de resolver las cosas, de encontrarle solución por cualquier medio, mientras que la otra cara es la siniestra y si bien lo más grave que se  le conoce en directo fue una estafa, uno sabe que cada uno de los actos de su diario andar están marcados con ese concepto de sacar ventaja en cualquier circunstancia, es el concepto de vida de los pequeños, de los que se saben inferiores o son apenas esbirros de los poderosos.

No fue sorpresa encontrar un tiempo después a su mujer con un emprendimiento personal de conservas y dulces, de alguna manera dando a entender de la separación con el personaje, que se la ve una mujer con decisiones y es posible que le hayan saltado varias fichas simultáneas  al susodicho porque, como dice el dicho, quien mal anda, mal acaba, aunque insistirá, negara hasta lo evidente, buscará conspiradores para retornar o lavar su imagen, luego a uno le caerán las fichas y entenderá que muchos desacuerdos con autoridades municipales u oficiales fue producto de su accionar del malandrín, de gestar desavenencias, de decir a cada cual lo que quiere y así medrar, porque cuando alguien se aferra a una tesorería y maneja con arbitrariedad los dineros de todos y los lleva y los trae y se rinde a la buena de dios, y se presentan papeles flojos y se sigue porque hay muchos que se lo permiten porque para que existan estos personajes es necesario que otros se queden en el molde y les importe un pito los bienes y derechos del conjunto. Con todo ese empuje, esa capacidad de acción, esa intrepidez a uno le queda lo inconcebible, esa manera visible, patética de sumisión al poder, a la oficialidad, de cómo cuando la graduación manda los esbirros son la fuerza de choque, los que obedecen las ordenes, pero tipos como este seguramente montarían sus propios negocios y lo harían a espalda de la superioridad. Qué bueno sería que tipos así estuvieran al servicio de la gente, para mejorarle la vida a los que lo necesitan.

 

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