Entre personaje y amigo, entre prototipo, de quien solo
podemos hablar buenas cosas y, por encima de su profesión, lo tenemos siempre
como una referencia porque fue con él y con otros, algunos, militares como él,
que supimos abrir el entendimiento y la inteligencia como para no meter a todos
en una misma bolsa. Es cierto que, a la mayoría les quedaba la marca en el
orillo, sobre todo los de menor graduación en cualquiera de las fuerzas
armadas, como si hubiera una postura de la que ya no es posible salir y menos
en el montón que junta el futbol amateur. No hay recuerdo de discusión política,
o de repaso por la historia general, ni siquiera por la historia personal.
Quizás nos lo estamos debiendo. Pero hubo desde el vamos como una aceptación
tácita de historias divergentes, enfrentadas y desde ahí se pudo construir una
amistad si se quiere de otro calibre, digamos que con silencios, o con temas a
obviar, pero lo cierto es que en algunos momentos la comunicación pasó por lo
más profundo de cada cual, sus hondos sentimientos, su manera de sentir la
vida, las cosas familiares que nos atraviesan y de alguna manera, aprendiendo
ambos, frente a posturas reduccionistas o destempladas pudimos dar batalla
conjunta aun cuando por momentos uno podía desconfiar de las mejores
intenciones del otro. Una relación de hondo respeto y cariño, de afectos
reales, de esos que convierten al otro en un amigo si acaso esa palabra
encierra a un ser en el cual uno puede depositar lo más sagrado, lo más hondo,
y esa relación, nacida con tanta distancia supuesta, llegó a ser así y desde
ahí se la relata. De un encumbrado cargo en su fuerza, casi que pudo llegar a
la máxima graduación, esa parte queda oculta, no porque no se pueda hablar sino
porque no se la tomó nunca y solo se supo que de alguna manera decidió llegar
hasta ahí, como que el hastío con los pares, con los suyos llegó a un punto que
fue encontrar en la gente del futbol, en trabajadores, comerciantes, otros
profesionales un mundo a compartir, y vaya que lo ha compartido porque lleva
veinte años( habría que agregarle un lustro más) bregando por una institución
que no siempre da gratas devoluciones. Pero es, con seguridad, la manera que
encontró Quique para darle un sentido a su vida actual, de retirado, su vida de
alguna manera empezó a transcurrir por esa actividad, de distención, de juego,
de encuentros, de proyectos comunitarios, de celos y egoísmos minúsculos y
cotidianos. Pudo abandonar todo, volver a su provincia, donde lo aguardan
hermanos y parientes y sin embargo decidió afincarse acá, aun con el riesgo de
salud y depresión de su mujer que nunca pudo integrarse a esta comunidad. Esa
parte, de hecho, está contada desde un solo lado, la tomamos como tal, y
creemos que no llegó a desmadrarse porque al fin y al cabo también la mujer se
quedó y acompaña a Quique al menos sin ponerle piedras en el camino. Junto a
eso esta su nieta, y es ahí donde el encuentro humano se hizo más intenso,
donde no puede haber diferencia de ninguna índole cuando es donde se pone todo,
los sueños, lo material, para intentar al menos que una criatura sobreviva, de
operaciones infernales, viajes e internaciones extensas y ya hoy una mujercita
que, gracias al empeño del Quique y seguramente del resto de la familia, puede
estar integrada a la vida y continuar con operaciones que puedan mejorar su
calidad de existencia. Por supuesto que la religiosidad insistente del
personaje le ha servido de alivio, de consuelo en tal trance dramático. Un tipo
con criterios claros, que bien podría dejarse llevar por el autoritarismo
propio de oficio y sin embargo, eso solo se hizo ver cuando se tiene que tomar
una decisión inapelable. Y desde ese contrapunto, de esas maneras diferentes de
ver y resolver las cosas pudimos aprender juntos y valorar las posturas y por
momentos ser una sola voz, aun cuando significara para uno ponerse el birrete,
los galones o quedar pegado como lo que no se es, lo que demuestra que
cuando hay buena leche, las historias
personales se pueden entender, comprender, enmendar en la práctica, no quedarse
anclado en una historia, lo que no quiere decir que uno deba poner un manto de
silencio, de olvido. Por eso decimos que es un prototipo, alguien que se
referencia para que veamos cómo nos desenvolvemos en la vida, si nos cerramos
en nuestros cuarenta o abrimos el corazón y la mente para que entre lo mejor de
cada cual. Por eso lo ponemos como personaje, y en un grado similar, como un
amigo, especial, distinto, con límites, pero con quién uno puede sentirse
seguro, a pesar de todo lo que se pueda decir. Con orgullo lo he referenciado,
a expensas de sufrir algún malentendido, como de perdón a su estirpe, o cosas
parecidas. Nada que ver. Basta decir que en algún viaje de encuentros
futboleros en otra provincia compartimos tres días la habitación y fue ese
estar charlando largas horas tal vez lo que más nos sirvió, lo que guardamos
con más afecto, como un tesoro invaluable, cuando dos seres humanos diferentes
se encuentran, resuenan al unísono, mantienen sus distancias y sus silencios y
pueden fundirse en un abrazo interminable.
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