Este es el prototipo de ser que puede andar por andariveles
extremos, digamos, montar el bien y el mal sin que se le mueva un pelo. Claro
que lo del bien queda expuesto en su exquisita palabra de poeta; en cambio, su
faz horrenda se disimula hasta donde se puede y cuando queda expuesto se toma
el buque, sigue por otro lado, deja pasar, que juegue el olvido y la vida
continúa. Y la palabra transgresora, ligada a las transformaciones sociales le
abrió todas las puertas similares y a juzgar por los resultados su paso dejó
estelas que lo alejaron para siempre. Ocurre que, desde antes, durante y
después su existencia estuvo cruzada por acusaciones, por informes, una peor
que la otra, con testigos presenciales fiables, pero la capacidad de
ocultamiento es la característica de un ser torvo, perverso, borra con palabras
sus huellas. Nosotros lo podemos atestiguar, una pequeña estafa, pero ante la
vista de todos, poniendo en ridículo al resto y lo peor, aun ante la evidencia
no se hizo cargo jamás, ni pidió disculpas ni justificó su accionar, nada, solo
se encargó de insultar, de culpar a los otros, de manchar nombres, e incluso
hasta se le puede adjudicar daños materiales que no se puede comprobar pero que
una rotura de una luneta de un auto estacionado es perfectamente posible en un
ser vengativo y pequeño. Ocurre que al tomar conocimiento público empezaron a
surgir hechos de más data, que hablan de robo, de traición, de estafas, de
incestos, de ocupación ilegal, de perversión sexual, de mimetización con los
movimientos más ultras o puros, hasta que desde
hace años pareciera haber dejado la exposición, apenas alguna
comunicación, ya con las puertas cerradas en casi todos los círculos por los
que pasó, cada cual con un San Benito de anécdotas y acusaciones, sigue con un
discurso revolucionario, trostko, furtivo y mantiene la simulación de un
trabajo honesto, encargado de la comunicación de un emprendimiento que, por
encima de cuestiones distintivas, hay un aura de chantapufi y aledaños aunque
nada pueda decirse con autoridad definitiva. Si lo tuviéramos que presentar,
hay un sinnúmero de anécdotas puntuales, desde el robo a mano alzada de libros
de una biblioteca centenaria (libros que aparecieron luego en negocios de
usados) quedarse con una cuenta de fotocopias, junturas con pervertidos
sexuales que no homosexuales para provecho económico, versiones horrendas en
relación a sus hijas, a su primera novia, a sus mandantes en un supermercado, la frustración de colegas de
la palabra que lo apañaron y lo albergaron y las cosas que pueden hacer los
perversos solo con transcurrir el día a día.
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