El Yayo

Un ser humano que no nos pasa por un costado de la vida. Un médico con toda la humanidad a cuestas. Un tipo sensible, común, chabacano, futbolero, pero sobre todo asumiendo la responsabilidad de encabezar una lista de candidatos a Intendente de una ciudad que lo vio nacer, donde está toda su familia, su hermano, su lugar de profesión, un historial con sus pacientes que lo destacan en el plano humano, en su manera de entender la medicina. Sin opulencias, sin sentidos de superioridad, con la humildad de los grandes. En esos avatares lo conocimos, lo secundamos en la lista, pudimos apreciar todo el empeño que puso, el tiempo y los esfuerzos que le dedicó, cómo se preparó, cómo participó activamente, con el corazón y la mente abierta a todos. Siempre nos acordamos de sus retiros al medio del silencio del campo para preparar sus discursos para los actos que se vendrían, una oralidad que tuvo que afinar, afilar y que, es justo decirlo, no claudicó, no desmereció, al contrario, puso la pasión y los sentimientos, además de la claridad de los conceptos de ciudad que se aspiraba. Ahí pudimos entrar además en el corazón de su familia, su compañera, una profesora de literatura del mismo palo sencillo y claro, sus hijos pequeños que crecerían y serían, son personas, profesionales honorables porque de esa junta pareja no pueden salir crías cambiadas.

 Los resultados electorales no nos acompañaron, quedó una experiencia hermosa, un potencial de crecimiento que se fue agotando a poco andar; con los años solo quedaron los rastros de lo que fue ese tiempo de renacer de la democracia, de euforia militante y cada cual siguió su rumbo, sus profesiones, algunos quedaron en la actividad intensa de la política, pero en general fue una experiencia que lo tuvo al Yayo como el protagonista o la cara visible del proyecto intransigente.

La última vez que lo vimos, en una esquina, con los años a cuestas, con la humildad intacta, dio lo que pudo dar y siguió acompañando marchas o actos donde se juega lo mejor de los destinos humanos, siempre en el lado correcto de la vida, y uno lo tiene como lo que fue y es, un profesional médico que honra la profesión humanista y mantendrá la coherencia de vida hasta que se le acabe el aliento. Recordarlo es despertar una sonrisa de agradecimiento, de admiración y respeto.

En la foto está con su hermano, otro gran referente humano.

 

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