Cuando se funda
la Liga de Futbol seniors la mayoría de los primeros jugadores tendríamos entre
38 y 45 años. Pero había algunos más mayores, el Beto Morán, el Cóppola
riocuartense por su blanca cabellera y el Viejo Palacios. Ambos del 41 o sea
que andaban como diez años o más del resto y sin embargo eran piezas claves en
cada equipo. el Viejo Palacios, con su tranco largo, su figura sólida, alto,
buen cabeceador, ponía todo en la cancha, titular indiscutido, goleador
destacado, armador del equipo, delegado casi siempre, llegó incluso a presidir
la Liga y su mundo pasaba por el fulbo, su pasión mayor a pesar de los
achaques de una diabetes y algo más, él afirmaba como sueño que si le tocaba
morir pronto que fuera en la cancha, jugando al fulbo. Ofreció su casa y
el quincho para encuentros fundaciones de la Liga memorables, se lo sabía medio
cabrón en cuestiones económicas pero el mundo del viejo era el fulbo,
amistosos, encuentros con otras ligas, participar en el campeonato argentino
senior, uno o dos partidos entre semana de entrenamiento y así. Pero los años
fueron pasando y cuando llegamos al 2015, 2018, las diferencias de edades se
hicieron significativas, se formó un Maxi Seniors y se llegó a la de Expertos,
pero el Viejo fue perdiendo altura, ya fue sacado de la conducción del equipo
lo que le garantizaba juego seguro, hasta tuvo que recalar en otro equipo y ahí
ya lo vimos casi siempre en el banco entrando apenas unos minutos, y aun en los
más viejos su rendimiento se fue acotando, y era más bien un simulacro de
juego, un dejarlo entrar por lástima, por un reconocimiento a tantos años
batallando en las canchas de futbol amateur. No sabemos, nunca nos interesó
saber de su historia personal en el futbol cuando joven, pero seguramente
integró alguno de los equipos de la Liga Regional de Futbol de Río Cuarto. Fue
durante la pandemia, un poco después que se nos fue, así, no fue en la cancha,
no se cumplió su deseo, pero queda en el recuerdo el ejemplo de un hombre que
pasando los 80 y con una ceguera en ciernes pateaba el césped soñando con un
gol a esa altura imposible.
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