Viene de lejos, lo conocimos hace más de cincuenta años,
cincuenta y seis para ser precisos, con un encuentro que dejó marcas
indelebles, quizás las que definieron el rumbo de nuestra vida. Más que un
personaje común, es uno de aquellos que se los considera amigos aun cuando no
comulguemos en infinidades de aspectos ideológicos, políticos, pero queda un
agradecimiento a ese tiempo y desde ahí lo seguiremos, aun con todo lo que
desconocemos de su vida, solo podemos hablar de lo que nos toca, de lo que
conocemos, pero como personaje es un ejemplo que puede entrar en cualquier manual
de historias novelescas.
Al aparecer en nuestra vida por esos hechos azarosos, en realidad como casi todos los encuentros que definen nuestra existencia, vecino de pieza en una pensión de estudiantes, coterráneo del compañero nuestro con quien dábamos las primeras zurcidas al estudio de la economía, su figura fue sorprendente. Un tipo con una formación política, musical, con ínfulas de artista, lector, fotógrafo, un ganador de la vida a quien le seguimos los pasos, aprendimos de su accionar, viéndolo, contagiándonos en algunos aspectos más salientes, congeniando frente a la disparidad de miradas con el otro de mi pieza, un inicio a la vida fulminante, que un mayo veintinueve trascendente de la historia reciente nos agarró de lleno, nos sopló el entusiasmo, nos llevó a la calle, a participar de barricadas, contemplar las humaredas, el paso de las turbas sedientas de justicia, ahí empezamos a sopesar lo que era una dictadura, una universidad condicionada, sin parlamento, un presidente golpista y una ciudad que al rugir desbarató los planes de permanencia ilimitada de los usurpadores. Y desde ahí, y tal vez con eso fue suficiente, anduvimos acollarados un tiempo, hasta que ya en otra casa, con otra gente de sus pagos, antes de que acabaran los años se perdió, se fue y no se supo más de él hasta muchísimos años después, posiblemente diez o más, ese interregno que abarca la dictadura sangrienta, los años de recuperación democrática hasta que el azar nos puso otra vez frente a frente. Podríamos quedarnos en silencio dejando que entren los recuerdos como para armar la linealidad de la historia, podemos dar saltos de historia, saltos de olvido, pero pongamos un punto de reencuentro, y habrá sido por aquellas décadas del ochenta, del noventa, qué larga que se hace la vida porque pudieron pasar veinte años hasta que fuimos a su casa, pasamos por ahí en un viaje y desde ahí hubo como un acercamiento físico, aunque ya se notaba una distancia de miradas, de posturas, unidos por recuerdos y cosas compartidas, pero algo no funcionaba bien en la vida del personaje, algo tan valioso como su familia, su pareja, aun con toda la simulación de que somos capaces los humanos, pudimos dos o tres veces compartir un asado, un encuentro en cabañas, charlas filosóficas, o literarias, recuerdos, cosas sentidas porque no hay cómo no aceptar el abrazo y la palabra de quien fue un amigo inicial, alguien importante, aunque no tengamos ni una mínima idea de cómo fue su vida, cuáles son sus gustos, sus triunfos, lo cierto es que ya era un profesional, con dinero, en ejercicio, con cierto poder, con cuestiones de familia conocidas, apenas compartidos sus avatares, con una relación conflictiva con el progenitor de quien heredó el estudio contable y la clientela, y los bienes y le facilitó la existencia. Es posible que se haya quedado sin amigos. Es posible que se haya quedado solo, hay partes que uno desconoce, pero debe juzgar por lo que ve, por lo que se presenta y entonces la aparición de la novia del estudiante de la pensión, por esas cosas de las redes fue determinante para que la vida del personaje diera un giro, si no copernicano como se dice, una transformación que trajo por arrastre innumerables conflictos pero que hoy llega a la madurez sosteniendo aquel amor iniciático que solo vino a decir que todo lo anterior fue una simulación de la vida. Por encima de eso, o a pesar de eso, hay como una corriente intensa de afecto, de simpatía, de ganas de compartir un rato, un día, un encuentro, toco y me voy, porque los valores ideológicos, las posturas políticas, la posición frente a las cosas importantes del mundo no son las mismas y entonces es mejor no indagar a fondo, no quedarse en la discusión porque todo se puede echar a perder. Lo cierto es que nosotros somos de alguna manera los sostenedores primeros de esta su relación romántica y extraordinaria, con mucho valor de ambas partes para cortar el cordón umbilical del fracaso e intentar esto que huele a nuevo, a bueno, que vale por el solo hecho de haberlo emprendido y que tal como se presenta tiene aires de durabilidad mucho más allá que los siete u ocho años que lleva desde entonces. Pudimos ser sus padrinos, no lo fuimos porque al medio estaba un viaje impostergable, pasamos la primera navidad de ellos en el reencuentro, conocimos su casa, ellos estuvieron acá, o sea, hay una corriente de ida y vuelta y sabemos que nos quieren, nos respetan, nos aprecian y eso tiene un valor superlativo porque no hay en juego ningún interés. Es pura historia de dos seres que quedaron irremediablemente unidos por aquel hecho que los marcó definitivamente para el resto de la existencia.

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