Menudo e inquieto, de múltiples oficios, aunque pasó a la fama por la
música, el bajo eléctrico, una de las figuras del naciente rock local, con Los
Vagabundos y otros grupos musicales que lo tuvieron por protagonista. Sin
embargo, entra a nuestra vida por otro lado, por su oficio de gráfico,
dibujante de las placas televisivas de los programas producidos por PROINT
(Suponemos que significaría Producción integral) conducido por el inefable
Piojo Berardo, con una socia que al poco tiempo salió y luego falleció. Ahí en
Proint, desde la agencia de publicidad recibíamos algunos pedidos de
calcomanías, etiquetas, o sea la agencia tercerizaba nuestro trabajo en
serigrafía y fue ahí donde hicimos una amistad más cercana con el Pocho, con el
Negro Alaníz , con un porteño excéntrico, todos bajo la batuta del Piojo del
cual teníamos antecedentes funestos, de cheques mal habidos, comentarios y
opiniones poco halagüeñas que con el tiempo le hicieron desaparecer de la
ciudad, enfermo y solo, aunque se lo vio renacer con otra agencia similar en
los pagos de Merlo. Fue ahí que el Pocho quedó sin ese conchabo e ingresó como
dibujante free lance, a pedido, para los logos para etiquetas o calcomanías,
trabajos puntuales de hacer los originales que, más allá de su experiencia eran
bien detallistas y pulcros, aunque no podríamos hablar de una creatividad
similar, más bien el oficio de letrista, de dibujante de placas. Estuvo un
tiempo, cumplidor, siempre afable hasta que lo perdimos de vista y reapareció
recién cuando en los diarios y en los medios se habló largamente de él,
detenido en Córdoba en un departamento no amueblado o apenas con un camastro y
las máquinas computadoras y tintas necesarias para la falsificación de
billetes. Dicen los que saben que eran de excelente calidad, que pasaban fácil
entre los descuidados, una época donde se miraba a trasluz hasta el billete más
mezquino. El Pocho pasó sus años en la cárcel, no deben haber sido muchos,
quizás tres o cinco, no importa, pero un día salió y la vida continuó, y siguió
con la música, como director de un grupo de Papelnonos, y sigue siendo querido
afable, retorna con los Vagabundos en espectáculos en bares y pub y seguirá,
como si no envejeciera, con sus tristezas y sus logros, esos seres que no
brillan en el firmamento, pero son memorables por su vida de vaivenes, de luces
y de sombras.
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