Que Adela tenga tres cerebros es cuanto menos una injusticia.
Encima se pavonea de superar al Albert y al de Estagira juntos y por varios
cuerpos. Que le sobra combustible cerebral como para recitar de memoria En busca
del tiempo perdido, del Marce, siendo de origen latinoamericano, de uno de
esos países que nos vienen asustando que si caemos ahí no salimos más de la
miseria y sin embargo producen mujeres de tres cerebros.
—Tuve que aprenderme la
Biblia de memoria —afirma Adela—. Tardé menos de cinco horas, aunque habría
podido hacerlo en cuatro si no hubiera estado en alemán”.
Yo sabía de las gallinas de dos yemas, del tercer ojo oculto, de
malformaciones genéticas o congénitas, de tamaños extraordinarios de los que te
dije, de cabezas imposibles de soportar para un
cuerpo standard, pero me la quieren vender, que sea mujer, de origen
sudaca, que pasó sin solución de continuidad a la Nasa, allí se cuecen las
habas, aunque todavía no ha inventado nada de importancia. Claro que tiene un
competidor en la historia, un tipo con cuatro cerebros, eso dicen, el alemán
Richard, aunque el pobre tipo tenía dos circuitos quemados, o sea que apenas si
pensaba doble, murió pobre y encarcelado y no dejó nada memorable.
Y uno que se las quiere dar con el cerebrito con que naturaleza
y ancestros nos han dotado, que apenas si memoricé la tabla de las
multiplicaciones, el preámbulo de la constitución y un par de estrofas del
gaucho Fierro. Cómo no van a estar sobresaltados los ateos, qué clase de dios
puede ser tan injusto que a uno les de tres y a otro lo infradote. No
alcanzamos a darnos una idea de cómo funcionaran los tres en simultáneo. Ya la
veo a la Adela, con tres pantallas al hilo, en una la ve a la Mirtha, ahora que
retorna, en la otra se solaza con El Reino y en la tercera, programa por zoom
los preparativos para el encuentro de los cerebros múltiples, así han llamado
al próximo congreso que, al parecer, pondrán toda su capacidad de sesos para
resolver algunos problemitas de la humanidad que nos tienen a mal traer.
Una cosa es tener tres corazones, amar a tres en simultáneo, si
te parten el corazón, te quedan dos intactos, pero cómo sofrenar lo impulsos de
la mente de Adelita, que no quiere que le compren un vestido de seda ni la
lleven a bailar y menos a un cuartel ni la sigan por tierra ni por mar. Pobre
marido, el fontanero, si quisiera pasarla al cuarto. La Adela le planta una línea de tres, férrea,
y andá a pasarla, andá a meterle gato por liebre.
Ella se queja de su marido, dice que al final lo del mérito es
una mentira, que ella merecería tres veces más de sueldo que él, pero vaya uno
a saber por qué causa, él lleva más dinero al hogar con su oficio de gasista y
plomero matriculado y a pesar de sus tres circuitos funcionando no alcanza a
entender el motivo. Sí, refiere ésta y otras anécdotas donde dice que al final
le gustaría tener unas facciones más agraciadas porque parecería que la
inteligencia no cotiza en bolsa.
Aunque con Arthur están ideando un sistema que permitiría que el
agua llegue a los domicilios sin necesidad de cañerías.
Pienso —se dice a sí
misma— y existo por tres.
Supongo que se le irán apagando de a uno los cerebros, o acaso
le agarre el síndrome de Pick, se le
pelen los cables de la
frontalidad y les abra la puerta a los malos pensamientos, triplicados, libere
sus instintos controlados por tres cerrojos y no habrá chaleco que la sofrene.
En fin, pobrecito de mí con este cerebrito que a gatas comprende
minucias de la existencia.
Habrá que ver si la Adela se presta, se aviene a que le instalen
los cables, le conecten al menos dos de sus cerebros a los cerebros del mundo
que nos tienen en ascuas, a ver si les da alguna ideíta como para que no nos
vayamos al tacho.

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