El corazón late aún

Meter la cabeza en el hueco, al estilo del ave torpe, zancuda, como para no ver, para que no nos vean, que no hay día ni hay noche, ni la luz se posa en los ojos ni nos duele la mano por mezquinos.

Las sombras  entran por una hendija de la pared, la rajadura que me dice que detrás de acá hay otra cosa; que el tiempo es un ir desde una sombra o desde la negrura hasta otra negrura y en el medio hay una luminosidad que se detiene ahí, no hay movimiento ni ruidos, ni colores, solo una luz raya en la pared hasta que se acaba y llega la oscuridad; lo negro que se queda ahí en un tiempo que no se sabe si es para  el descanso o para estar alerta porque es en la noche, cuando las sombras se van y dejan el espacio negro de la muerte, ahí uno debe ponerse alerta, que no lo descubran, que al menos le demos la última batalla, pero nada de esto alcanza a identificar ese lugar que no está, que no se sabe.

Me lo habían advertido, no podés descuidarte, mil sentidos despiertos, nada puede distraerte y yo que me las creo, Súperman, que eso no es para mí, y se ve que sí, que fue para mí, que ni sé dónde estoy, ni si es ayer o es mañana, acá, con el cuerpo reventado a patadas, a golpes, el último fue en la nuca, ese fue el último o el primero, vaya uno a saber cuál fue y ahora donde estoy siento el cuerpo helado donde estuve apoyado a un piso, piso de mosaicos o de hierro, o de qué, no alcanzo a mover ni una mano, están ahí atadas o cortadas, ya no sé, ni sé si estoy vivo, quién me lo puede decir no hay un solo movimiento, nada se escucha y sin embargo hay algo que late, que suena, que galopa, debe ser mi corazón nomás, debe ser que aún estoy vivo, que estos hijos de puta no me mataron, digo  eso sí que es perder la noción de todo, mirá si voy a saber que son las tres de la tarde del domingo y me voy rumbo a la cancha, a ver a Belgrano, o a Talleres, es lo mismo si fuera Rosario o Ñuls. Desde acá no hay lugar donde apoyarse, qué mirar, que no hay manera de mirar porque debe ser una sábana negra que me han cruzado en los ojos, nada se ve, ni se escucha ni se huele, sí que se huele, se huele a mierda, se huele a meada, a vómito, me debo haber cagado encima, debo estar chorreado de babas, sucio, mugriento, hambriento, no, no siento hambre, quiere decir que debe hacer un día o dos o tres porque si no el estómago lo delataría y tengo sed, claro que tengo sed, que la boca está seca que no sé si podré gritar, a ver, grito, hijos de puta, grito, que voy a gritar si es un freno de caballo  el que me han puesto en la boca,  debo dejarme ir mejor me voy hacia adentro, hacia atrás, a la infancia, eso es, a boyerear por ahí con la honda al cuello, a dar una vuelta en bicicleta a pasarle cerca de la casa a la Marisa, qué linda que es la Marisa, no sé no si me dará bola, pero un día de estos la encaro a la Marisa y le cuento que cuando se grande voy a hacer todo lo posible para parecerme a esos héroes de la tele, esos que salvan al mundo y seguro que la Marisa me va a querer, le diré que, pero no, ya me tengo que volver no sé qué hora será, pero está oscureciendo, se me está haciendo de noche, mamita, nada veo, no escucho nada, no sé dónde estoy, qué es esto que me está pasando, es posible que me haya muerto y este es el primer paso que me merezco rumbo al infierno, digo, no recuerdo cuando fue si hubo un tiempo, qué es eso, no tengo más idea de lo que me dicen las manos, están frías, el piso está frío, pero escucho cómo el corazón galopa, está como nervioso, se quiere salir, nada pasa, esperaré no sé qué es lo que tengo que esperar, es seguro que ella vendrá a buscarme, tendrá la cara de Marisa, me dirá dale, vení, vamos ya está, estuviste acá durante una vida, y qué es una vida, cuanto tiempo dura un vida y dónde se vive una vida así, pero ya es tarde, ya lo dijiste todo, es mejor que te duermas escuchando el ritmo de la sangre que aún te corre por las venas, el corazón está vivo, funciona, hasta que deja de latir, y eso ya no lo sabrás.

 

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