El modo Manuel de la vida

Uno de los secretos es tener paciencia, saber que en algún momento se nos dará la oportunidad. Eso sí. Soñar todos los días con calefaccionar la casa con los mejores aires, disfrutar de antemano con una heladera de dos puertas, con un frizzer que albergue una vaquillona, con ese auto inteligente que nos lleve a todas partes. Hay que ser consecuente con eso y para eso es necesario poner cara de piedra, es decir, que no te incomoden las preguntas, que tengás la respuesta rápida a cualquier interrogante, que mirés al mundo desde las alturas inusitadas de los triunfadores. Aunque seas un pelagato que vivís de las ofrendas familiares y de otras cuestiones non santas. No importa si entre tanto debés andar con tu R12 descangallado; no importa si a la puerta de la heladera la tenés que sostener con un ladrillo, Tampoco que no accedás aún a un Panasonic TH-152 con una pantalla de 152 pulgadas

 y que tengás que colgar una silla plástica en la pared y ahí poner el Predicta Philco

que te viene acompañando desde que te fuiste de tu casa y tu madre te lo dio para que te entretengás. Muy bien lo tuyo de compensar a tu mamá con una casa en un country.

Vos sonreís, poné en la boca los conceptos más éticos posibles, que se sepa que sos un abanderado de la honestidad, que estás en la primera línea de la lucha contra los corruptos, los que se encaraman en el poder político para usufructuar del cargo y llenarse los bolsillos. Vos sos el ejemplo impoluto, tu vida cauta, tu olvidarte de viajes y vacaciones, de cambios en la casa, de entretejidos o implantes dentales. Vos tenés aún tu parrillita, tu chulengo en el patio sucio, lleno de tierra y objetos olvidados, donde hay una escalera que no te llevara a las alturas y que con esa sonrisa cruzada y suficiente das respuesta a todo, desviás la atención hacia las menudencias mientras enviás a tu secretaria a que te compre los mejores colchones, el cobertor de plumas de ganso y las almohadas inteligentes que te envuelvan en tus propios sueños.

El modo Manuel de la vida está extendido.

 

No vayás a creer que es inusual, estamos contaminados, los tenemos a veces en nuestras cercanías. Cualquiera puede soñar con grandezas; ahora, hay que tener hígado y bilis para jugarte entero, salir de pobre de un día para el otro, que lo ratifique tu abogada, lo hacés así, casi por milagro, como si te hubieras ganado el Quini 6 y ahora que se jodan los que te fiaron, te dieron una changa, te perdonaron una deuda, te aliviaron el hambre, te dieron un trabajo como para que no entraras en la indigencia.

Eso sí, estuviste alerta, bien ahí, y cuando se te dio, no lo dudaste; arremetiste y basta de chiquitas: un palo verde y andá a cantarle a Gardel.

 


Comentarios