Detrás de su mesita de tres patas
con sus manos sostiene el oráculo de vidrio opaco.
Hay una luz que se condensa en el centro de la
lámpara
el resto es oscuridad.
Hay una burla, una fantasía en el alma de los
jóvenes
que aún no han encontrado el rumbo de sus vidas.
A uno le confirma que esa mujer no es para él
que se la saque de encima.
Al otro le advierte que la enfermedad de su madre
no es mortal
que no morirá por ella.
¿Sabrá la bruja blanca que no será la leucemia
la que se la lleve?
¿Sabrá que serán las manos de los genocidas
las que envolverán su cuerpo en una frazada
lo incendiarán
y lo arrojarán en un camino vecinal
por su insistencia en buscar
el cuerpo del hijo
desaparecido?
Qué difícil papel el de la bruja blanca,
conocer el destino final del que pregunta
saber el final de la madre que ve en la bola
y guardar el secreto.

Comentarios
Publicar un comentario