Latidos


 Cada amanecer detrás de Los Gemelos.
El sinsonte cuando salta y canta sobre el crucero de la luz y despierta la mañana.
Ese damasco florecido junto a la higuera con sus pezones en brevas.
El beso en la boca que se abre para el goce.
Un recíproco perderse en el éxtasis.
Ese poema memorizado que nos quiebra la garganta.
El golpe brutal del amigo que partió.
René, crucificado, en el patio de la cárcel.
La mano del recién nacido, flor nocturna que cierra sus pétalos en mi dedo.
El desencajado latir cerca de los cementerios.
La llegada de una carta de amor en la prisión.
Los segundos previos al silbato, cerca del círculo.
Ese dolor por la miseria irredenta de los niños en la calle.
La dignidad de Madres y de Abuelas y el retorno de los nietos al río de su sangre.
La mano en el hombro del perdón, un: Gracias, dicho desde el alma.
Los pasos temblorosos que retornan a las calles.
El crujir insoportable por la muerte de un hermano.
La guía de los maestros que nos salvan.
Y estos boletos testigos de habernos encontrado.

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