Me piden que me asome a la
ventana
y mire lo que nunca mis ojos
han visto.
Allá están ellos, los cerros
gemelos impertérritos.
Desde la mañana al sacar los
ojos del sueño los encuentro ahí
presidiendo el paisaje
y más allá el otro punto de
encaje de las naves interplanetarias.
Adelante ha quedado el pino
viudo, centinela
el viento lo zamarrea y
vuelve a su tristeza.
Detrás de las tejas de los
techos
y del blanco lomo de los silos
bolsas
va el camino ondulante hacia
el balneario.
Más atrás un caballo overo
pasta junto al lago
y por el otro costado giran y
giran en su avaricia de viento
los molinos que no son los de
mi loco
que salió a resolver los
entuertos del mundo
son de los que secuestran el
soplo del chorrillero
y lo embolsan en ganancias
ilimitadas.
Están surgiendo los brotes
cuántas primaveras he visto
cuántas primaveras han pasado
y ni siquiera tuvimos tiempo
de sorprendernos.
Hoy estoy alerta
La higuera acaba de mostrarme
sus brotes
El damasco aún inverna
dos pichones de caranchos
andan en sus vuelos inaugurales,
aterrizan con torpeza sobre
el ramaje de los pinos
Atraviesan el azul las
palomas los jilgueros
el sinsonte conduce el
concierto
con su salto de algarabía en
los postes eléctricos.
Ni un humano diviso en mi
entorno
Cómo hago para describir algo
nuevo
si cada vez que miro el paisaje con ojos niños
redescubro la dimensión de lo
magnífico
y me veo irrelevante
apenas un testigo que ve cómo
cada cual sigue su curso
estuvo antes está ahora
estará después estarán más allá de nosotros
podemos decir, apenas
qué hermosa esta tarde en las
serranías
que anuncia septiembre.

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