No es tacuara, ni fibra de vidrio ni de carbono.
Es una antena de radio
de un Rambler Ambásador.
Se pliega, se encierra en sí misma, se
concentra.
Pero el arroyo no tiene ahora ni siquiera
un bagre, una vieja del agua
ni un renacuajo de escuerzo.
Ella sí sobrevivió a las mudanzas y los
crecimientos.
Está ahí y de tanto en tanto le cambio la
tanza
reemplazo su corcho de boya, su anzuelo
mosquitero
y vuelvo a probar en el hueco de las
palometas.
Nada.
Han exterminado las mojarras
El Randall y los incendios inmobiliarios no
dejaron huevo sobre huevo,
ni la dura palometa pudo sobrevivir al
exterminio.
¿Qué hago entonces con mi caña de pescar?
Replegada, espera, como espero el basta al
saqueo de las sierras vírgenes.
Esperamos los dos para retornar a la
orilla,
con las lombrices de eternas umbrías,
y si nadie nos acompaña
iremos solos con el morral con agua y pan,
y cuando se enganche una mojarra en el
anzuelo
sabremos otra vez de infancias y libertad.

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