Guitarra con el Toro

Apenas llegados a Sierra Chica, fuimos a parar con nuestros restos y con un número flamante como identificación a una celda del pabellón Nº 9, con el Toro Grande, el mayor de los tres Toranzo. Uno de ellos, el menor, fue uno de los cobardemente asesinados en la Penitenciaria de Córdoba. Con el Toro nos habíamos cruzado alguna vez en la casa del Piro Garro, en alguna guitarreada de gente universitaria y de izquierdas varias. Sabía que era guitarrero y cantor, pero en Córdoba habíamos estado en pabellones o celdas distintas, así que no tenía un conocimiento de él. Siguiendo un poco la dinámica natural que nos impuso el régimen de exterminio del año 76 en la Penitenciaria, lo que nos obligaba a agudizar el ingenio para seguir con estudios, lecturas, actividades que nos mantuvieran alertas y con vida, así como estudiábamos geografía a partir de algún libro de la biblioteca del penal y de noticias agronómicas de los diarios, en un cuaderno de tapas duras, el Toro anotaba sus fórmulas matemáticas que en suma eran los acordes más importantes de la guitarra. Las deducciones de esos acordes a partir de la exactitud de los números, iban armando la secuencia de acordes para distintas zambas y chacareras. Yo bebía con ansiedad esas enseñanzas, con el firme propósito de aplicarlas una vez en libertad. Con el conocimiento básico de algunas notas y arpegios no me resultaban chino básico las sesudas enseñanzas del Toro. Por supuesto que el tiempo hizo que se borraran aquellas anotaciones, pero lo que no se borró fueron las melodías que compusimos desde la celda, ad referéndum de llevarlas al encordado real, pero qué importaba. Por momentos la celda era una escritura sobre pentagramas imaginarios, todo a partir de las enseñanzas de los maestros de matemáticas. Queda para rehacer aquel cuaderno de notas. Buscar información acerca de esta relación plena entre acordes y matemáticas y tal vez podemos rescatarlas. 

 

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